Jueves, 10 de mayo de 2007
En la época feudal japonesa, la hakama se consideraba una prenda propia de los practicantes del Budo. En un principio se usaba para proteger las piernas de los jinetes de la maleza y cosas de ese tipo, que podían representar un obstáculo al montar a caballo. El cuero era difícil de conseguir en Japón y usaban en su lugar esta clase de ropa gruesa. Posteriormente, cuando se hizo habitual que los samuráis fueran a pie, esta especie de falda o falda-pantalón quedó como prenda distintiva de esta casta de guerreros.
Existen varios tipos de hakama, siendo las más habituales las de cinco y siete pliegues. Obviamente, y tratándose de una sociedad como la japonesa, estas configuraciones tienen un profundo significado más allá de por dónde debemos planchar la prenda. En el caso de los cinco pliegues, cada uno representa una de las cinco virtudes de la sociedad tradicional japonesa: lealtad, justicia, compasión, honor y respeto; con un pliegue en la parte trasera que viene a significar que las cinco deben estar presentes en un ser humano completo. Por su parte, la configuración de siete pliegues (cinco delante y dos detrás) representa las siete virtudes del budo: benevolencia, honor o justicia, cortesía, sabiduría, sinceridad, lealtad y piedad.

¿Y por qué digo todo esto? Bien, el pasado lunes, después de tres años y pico practicando aikido, nuestro instructor me dijo que podía comenzar a vestir la hakama. Eso significa que se me reconoce un serio compromiso con el aprendizaje y la práctica de este arte marcial, y con este post pretendo dar a entender porque me hace tanta ilusión ponerme una "falda". :)
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