Viernes, 08 de junio de 2007
Las máquinas de café forman ya parte de nuestro mobiliario laboral tanto o más que el sillón con ruedas o el archivador. Si todo va bien, ellas siempre están ahí con sus variedades de cafés y chocolates (no demasiado buenos a veces) para darnos una pequeña alegría con cafeína a primera hora, cuando los párpados nos pesan y andamos arrastrando los pies cual zombis por el lugar de trabajo; o cuando tomamos ese café rápido, con un cigarro algunos, con un sándwich otros… Sí, definitivamente estos armatostes son un gran invento…, si todo va bien.
Las máquinas de este tipo que hacen cosas raras están muy bien para los programas de humor de la tele, pero cuando te hacen alguna jugarreta en el momento en el que más necesitas tu dosis de cafeína lo único que te apetece es arrearle de patadas al maldito ingenio del demonio. En los últimos tiempos una de esas máquinas la ha tomado conmigo y conseguir un capuchino por la mañana se ha terminado convirtiendo una incertidumbre y en todo un ejercicio de fe. Ayer, por cuarta vez en muy poco tiempo, el mismo cacharro me la jugó, y en un alarde de originalidad, en las cuatro ocasiones ha sido de forma diferente.
La primera vez fue un día en el que me tuve que quedar a trabajar por la tarde. Llegué de comer a eso de las cuatro, y antes de sentarme frente al ordenador decidí tomarme un café (pues todos sabemos los estragos que hace la modorra a esa hora). Todo parecía ir bien, la máquina dejó caer el vaso y después de un minuto de gorgoteos y bufidos, me invitó amablemente a retirar mi bebida. El problema es que el vaso quedó atascado en el soporte y al intentar sacarlo se rompió y me tiré el café encima…
La segunda vez fue una de esas mañanas, a las ocho menos cuarto, en las que uno no adquiere conciencia de si mismo y del mundo que le rodea hasta varias horas después, quizás por una excesiva trasnochada o tras una noche de insomnio. Eché mi moneda de 50 en la máquina, el vaso cayó, los gorgoteos y bufidos empezaron y cuando la pantallita me dijo que podía retirar mi café lo hice. El vaso estaba vacío.
Probablemente la tercera ocasión fue la que mejor encajaría en la vis cómica de Camera Café. Cuando eché el dinero y seleccioné mi café, la máquina se puso en funcionamiento, y hubiera sido un buen capuchino: con su leche, su azúcar, su poquito chocolate, su cremita y hasta su palito para remover, de no haber sido que el vaso salió al final del proceso.
La última (por ahora) fue ayer. En lugar de dejar caer el vasito, la máquina lo arrojó con toda su mala leche y cayó volcado, de modo que, antes de que pudiera reaccionar y colocar el vaso, el azúcar, la leche y la mitad del café se esparcieron por encima del vaso y por el suelo… Cuando terminó el servicio, durante un fugaz instante me pareció leer en la pantallita: PRINGAO…

Por: KD | Mi vida y circunstancias | Comentarios (9) | Referencias (0)
¡BOICOT! Esa máquina se merece otro boicot como esos impresentables del Yate que abusan del mísero sueldo del funcionario subiendo cada dos por tres el precio del desayuno. Enfadaté también con la máquina y te llevas el café de casa en tu termo, así, calentito, junto a ese pedazo de bocata que te preparas por las noches. Encima lo que beberías sería, incluso, café... ;-)
Chesco | 08-06-2007 13:21:56
Qon | 09-06-2007 11:02:59
Jajajaja!
¡Vaya tela!
¿Qué es éso de un café a las 8 menos cuarto?. ¿Tan pronto llegas a trabajar? ¡¡qué horror!!
Bora | 09-06-2007 14:41:08
Cada vez uso menos el endiablado cacharro, con frecuencia me traigo un zumito de casa. Lo que pasa es que como siga boicoteándolo todo se me va a poner cada de activista de Green Peace...
Efectivamente el líquido que rezuman esas máquinas está más próximo a ser un tónico laxante que café, pero a veces es la única opción para el chute de cafeína (espero que al menos de eso si que tenga el negro líquido).
Así es Bora, solemos llegar a Mordor... digo a Mérida sobre las ocho menos cuarto o menos diez, por aquí es imposible aparcar después de esas horas. Por otro lado así nos intentamos escapar diez minutejos antes.
KD | 11-06-2007 08:22:11
acros | 11-06-2007 13:40:21
Yo soy adicto, y cuando curro, la verdad, de 8 cafés diários no bajo, aunque sea sólo por desconectar en el paseo mi sitio-máquina-mi sitio. La historia empezó en Vodafone, donde valía el café un duro (luego 5€cent.) y con un poco de maña, generalmente conseguía trucarla para que me devolviera el duro (no era por el dinero, era deporte). La única forma de que eso sepa bien es tener en la nevera de la cocina un cartón de leche, pedir el expreso de café (el fuerte) y echarle después leche de verdad.
La solución es el termo. Mi señora tiene en su curro un club de desayuno, hacen la compra cada uno cada cierto tiempo y tienen café de verdad (Cubano, made in Campo Maior), cafetera, plancha, bollería, tostadora, aceite, mermelada, mantequilla, nesquik, y se hacen un desayuno como Dios manda.
José Manuel | 13-06-2007 11:13:59
¿¡5 céntimos un café!?, así también me tomo yo ocho... Lo del club de desayuno es una idea magnífica, lo que pasa es que en la mayoría de los sitios cuesta movilizar al personal... Pero bueno, voy a hacer un sondeo de opinión. :)
KD | 14-06-2007 08:12:46
Yo dejé de tomar café de máquina el día que vi al operario limpiarla por dentro >__<
Prefiero tomarme un café "al vuelo" en el bar mas cercano o llevarme un termo. (aunque ya he perdido la costumbre. Trabajar de tarde, café e insomnio son mala combinación)
Qon | 21-06-2007 03:02:13
Jose Manuel, ¿dónde venden en Madrid café Cubano? Yo me lo traigo de Extremadura (para casa)...
La cafetería de donde trabajo ahora es la mejor surtidas que he visto: café de filtro La Estrella (2 cafeteras), con y sin cafeina, tés e infusiones, colacao y nesquick, café soluble, cajas de leche de los 3 tipos, azucar y sacarina, 4 tipos de galletas, biscotes, aceite, vinagre, sal, cubiertos, vasos de cristal y plástico... de todo, vamos. Además de máquina de guarrerías, de resfrescos, y máquina de café (que no sé si la usará alguien).
Un lujo.
Kwin | 22-06-2007 10:24:03
Mis vivencias y mis recuerdos, mi gente y un puñado de opiniones... ese soy yo.
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