Viernes, 10 de octubre de 2008
El pasado viernes 26 de septiembre de madrugada, murió mi abuelo Paco. Había cumplido ya los 97, ciertamente era muy mayor y sus últimos años habían sido bastante precarios. Sin embargo, todos habíamos apostado que llegaría a ser centenario, como mi bisabuela, su madre, que llegó (si no recuerdo mal) a los 103. Militar de los de antes y de carácter difícil, fue duro casi hasta el final. No tuve tanta relación con él como con mi abuelo materno, más accesible en el centro de la península, pero mis recuerdos y las experiencias de mi padre me ayudaron a conocerle.
El señor Paco, como siempre le llamaron los vecinos, los morillos, que diariamente iban a la puerta de casa vendiendo fruta o pescado, e incluso muchos en la familia, vivió en una época y un lugar difíciles. Como muchos de entonces, sacó adelante una prole numerosa y ha visto, con dolor, marcharse a una antes que él. Nunca quiso pagar nada a plazos, si no había dinero no se compraba y punto, lo que hizo que nunca llegara a tener coche o una casa propia. Era un gran amante de los cacharros y le encantaba hacer chapucillas y encontrarle utilidad a cosas difícilmente útiles. Siempre recordaré ese patio lleno de cachivaches, incluida una destartalada mesa de trabajo con un torno de afilar y cuchillos con la hoja reducida a la mínima expresión, el techo de uralita amenazando derrumbarse en cualquier momento y el húmedo sótano, al que casi siempre me asomé desde arriba. Su carácter duro y su complicada forma de ser le granjearon muchas enemistades con la familia. Sus propios hijos, sobre todo los varones, mi padre y mi tío Antonio, tuvieron una difícil relación con él. Pese a todo (y quizás me equivoque) creo que, de haber estado más cerca, habríamos tenido un buen trato. Hacía muchos años que yo no iba a Melilla (la distancia en lo kilométrico y el distanciamiento en lo emocional han hecho mucha mella), y sin embargo, las últimas veces que le vi y las últimas ocasiones que hablé con él (hace ya mucho), noté una sutil deferencia hacia el que fuera el primero de sus nietos, el que se atrevía a discutir con él y a contradecirle de forma razonada y sosegada. Y es que si algo le gustaba a mi abuelo era discutir (más que conversar) y sobre todo hacerlo con quien le daba coba.
Por: KD | Mi vida y circunstancias | Comentarios (5) | Referencias (0)
No es facil despedir a los seres queridos, duele y es triste... no obstante, y aunque suene muy zen, es ley de vida...
Algunos tienen que irse para dejar paso a los que han de llegar :)
Muchos besos y mucho animo,
BEA
Bea | 12-10-2008 23:10:26
No se cual habra sido el caso de tu abuelo, pero mi abuela, de 93 años, llego a la muerte tras una vejez estupenda (aunque el ultimo año de su vida estuvo bastante malita, la pobre). Seguro que los 97 años de tu abuelo Paco le han cundido lo suyo. Animo.
Chisco | 14-10-2008 08:45:10
Siempre duele, y mucho, por mucho que pienses que, por la edad, tenía que llegar tarde o temprano.
Animo
José Manuel | 14-10-2008 15:06:08
WralpOrbnCes | 15-10-2008 21:46:54
Desde luego no está siendo un buen año para la familia, pero bueno, estas cosas suceden, son ley de vida, y además no suelen venir solas. Muchas gracias a todos.
KD | 15-10-2008 22:04:06
Mis vivencias y mis recuerdos, mi gente y un puñado de opiniones... ese soy yo.
Diseñado por Studio.st y editado por KD Systems
Online gracias a Bitacoras.com