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THE SOULSEEKER

Jueves, 16 de octubre de 2008

El viaje a Melilla

Tal y como comenté en el post anterior, el pasado viernes 26 de septiembre tuvimos que viajar a Melilla debido a la muerte de mi abuelo. Pero me quedó pendiente un apunte sobre el viaje, y en general sobre ese fin de semana, que fue una auténtica odisea.

Como ya dije tras mucho mirar, decidimos hacer el viaje en un ferry rápido saliendo desde Málaga. La otra opción era en vuelo de Iberia, que por 30 minutos de viaje nos soplaba 350 € (billete de ida y vuelta) por barba. El billete de ida y vuelta en el ferry costaba unos 100 €. La sustancial diferencia y el hecho de pensar que llegaríamos a tiempo nos hicieron decantarnos por la vía marítima.

Tras comprar los billetes del barco por Internet comenzó mi periplo. La primera parada sería Badajoz, hasta donde fui a recoger a mi hermano, que haría el viaje conmigo. En la capital pacense configuré mi PDA con GPS y nos pusimos en camino hacia Málaga, más concretamente hacia Torre del Mar, un pueblo a unos pocos kilómetros de Málaga, donde mis padres habían alquilado un apartamento con unos amigos para pasar unos días de vacaciones. El viaje hasta Torre del Mar transcurrió sin acontecimientos reseñables más que un par de trombas de agua que vaticinaban el temporal que se avecinaba sobre Andalucía; y una desacertada parada para comer en uno de los restaurantes de carretera más caros que debía haber en el camino.

La idea era descansar esa noche en Torre del Mar y embarcar al día siguiente por la mañana temprano en Málaga. La tarde-noche fue agradable con Andrés y Gabi, viejos amigos de la familia, con los que tuvimos una estupenda cena. Para cuando volvimos al apartamento el viento y la lluvia no dejaban lugar a dudas de que teníamos encima el temporal.

Cuando salimos por la mañana para Málaga todavía estaba muy oscuro, hacía viento y llovía, condiciones ideales para un viaje por carreteras y ciudades desconocidas. "Casi" no tuvimos problemas para salir de Torre del Mar, sin embargo en Málaga si dimos unas pocas vueltas hasta que logramos localizar el puerto. Afortunadamente llegamos con tiempo para sacar nuestras tarjetas de embarque y desayunar con cierta relajación… Quién nos mandaría desayunar…

Tanto mi hermano como yo hemos hecho bastantes viajes en barco, algunos de ellos razonablemente moviditos. Recuerdo un viaje a Melilla, hace ya un montón de años, el barco se llamaba Villa Algaete, probablemente el más cutre de la flota de Transmediterránea entonces. El mar estaba algo picado y el barco se movía hasta el punto de que mi hermano se cayó de la cama del camarote… Sin embargo ni él ni yo recordamos un viaje tan malo como este último. Los dos nos pusimos malísimos. Yo conseguí aguantar el tipo a fuerza de no moverme y respirar profundamente durante las casi cuatro horas de viaje, pero mi pobre hermano echó hasta los hígados… Encima los muy cabrones nos pusieron la película "Sin reservas", en la que Catherine Zeta-Jones se pasa dos horas cocinando o hablando de comida… sin duda muy adecuado, cuando el ferry en el que viajas se balancea igual que el barco vikingo de la feria…

Afortunadamente llegamos a Melilla, aunque con las piernas temblorosas y con algunos tonos en el color de piel por debajo de lo saludable.

En el poco más de un día que estuvimos en Melilla, el tiempo cambió entre un día soleado y un temporal de narices, como media docena de veces. Con tan mala suerte que cuando debíamos volver a la Península tocó temporal. En consecuencia nos cancelaron el barco de vuelta y nos vimos obligados, después de todo, a agachar las orejas delante de Iberia, comprar los billetes de vuelta en avión y pagar la estafa. Encima tuvimos que dar gracias a que el avión pudo salir (un día más tarde mis padres casi se quedan en tierra, porque el viento había arreciado e incluso el avión podía tener problemas…). Sí, muy cómoda la media horita de vuelo y refresco gratis en lata de 20 Cl… pero chica clavada.

Como habíamos dejado el coche en un Parking frente al puerto, y el aeropuerto estaba a las afueras de Málaga, cuando llegamos, tuvimos que esperar un autobús durante casi una hora. Tras el paseo en bus llegamos al "bendito" parking, donde, por cierto, nos pegaron otra clavada de escándalo. La tarifa del susodicho parking para un día completo era de 24 €, eso, más el coste de algunas horas adicionales, era lo que pensábamos pagar al calcular el momento de nuestra vuelta. Llegamos al parking pasado el medio día, momento en el cual, fíjate por donde, se aplicaba automáticamente la tarifa de día completo. Por tanto, si pensábamos pagar unos 30 €, acabamos soltando 48, mientras que el coche había estado en el aparcamiento a penas un día y unas horas.

Pronto conseguimos salir de Málaga y en unas horas estuvimos en Badajoz. Llegamos de noche, así que decidí cenar con mi hermano y mi cuñada y luego quedarme a dormir en casa de mis padres que, recordemos, volvían de Melilla al día siguiente.

Dormí confortablemente y me levanté temprano para tomar una ducha y ponerme en camino para Cáceres. Pero como dicen que las desgracias nunca vienen solas, la cosa no iba a resultar tan fácil… Encendí el calentador y tomé una corta pero reconfortante ducha, me sequé y me lié una toalla a la cintura…, pero al salir del baño escuché un ruido, como de grifo abierto, que procedía de la cocina. Fui a ver que pasaba y me encontré el desaguisado: había reventado una pieza del calentador y estaba saliendo agua a raudales. Caía sobre la lavadora, la secadora y todos los trastos que había en el lavadero. Tarde un par de minutos en encontrar la llave de paso, en ese momento el agua ya me llegaba por los tobillos, aunque un chorro enorme desaguaba a la calle. Nervios, desesperación y maldiciones… Después, hablar por teléfono con mis padres, dar explicaciones a los vecinos, recoger litros de agua del suelo y desalojar el lavadero…, todo ello con mi toalla liada a la cintura…

De no haber sido por las tristes circunstancias, el viaje con mi hermano, en plan "road trip" (o como dijo él: a lo Willy Fog, por tierra, mar y aire) hubiera estado bien. Pero el cansancio, los despropósitos y los accidentes domésticos lo deslucieron bastante. Así que un buen rato después de la inundación, parcialmente arreglado el estropicio, me fui a tomar un café con mi hermano y salí escopetado hacia Cáceres para llorar y refugiarme en los brazos de mi querida esposa…

Por: KD | Paseando por el mundo | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Solo leerlo me ha hecho tener escalofrios... al menos ya estas en casa sano y salvo... animo!!

Os echo mucho de menos a los dos... tres?

Besos,
BEA

Bea | 16-10-2008 17:01:50

Vaya odisea!!

Chesco | 20-10-2008 12:29:09

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