Lunes, 09 de marzo de 2009
Efectivamente, ya "vivimos" en nuestro nuevo piso, eso sí, rodeados de cajas llenas con nuestras vidas, y un puñado de muebles escasos y mal colocados, que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años.
15 años viviendo de alquiler dan para mucho. Cuando era estudiante y sólo éramos yo y mis cosas, siempre acababa preguntándome, en los prolegómenos de cada mudanza, cómo era posible acumular tanto trasto. En cada cambio de piso, solía desembarazarme de un modesto número de cachivaches sólo por no tener que movilizarlos. Después, cuando empezábamos a ser dos, el número de cosas aumentó considerablemente, pero siempre con la perspectiva de que aquel era un lugar temporal. Luego vino la boda, y la cantidad de trastos (unos más útiles que otros) que Cris había estado acumulando durante toda su vida (a instancias de su precavida madre -lo que llamaban el ajuar-), hizo crecer peligrosamente la cantidad de nuestras pertenencias mudables… A fecha de hoy, veo las cosas que tenemos, la mayoría de ellas me parecen absolutamente necesarias en el presente o en un futuro inmediato, y deseo no tener que mudarme nunca más. Y eso que desde que empezamos a preparar el traslado, hemos tirado tantas bolsas de basura que me temo que nuestra huella ecológica haya aumentado irremediablemente hasta alcanzar, más o menos, la de un país pequeño…
La mentada mudanza ha resultado ser uno de los acontecimientos más infernales de los últimos años. La odisea empezó el viernes 27 por la mañana. Se suponía que hacia las once ya estaríamos montando cosas en el camión. Todo estaba previsto, los de la empresa de mudanzas había pedido la licencia del Ayuntamiento, habían puesto la señalización unas 24 horas antes y el par de coches que aún quedaban en el espacio reservado, serían pronto retirados por la grúa municipal… Pero ¡Já!, los acontecimientos daban un giro inesperado (como tantas cosas últimamente). Parece ser que los municipales estaban harto ocupados retirando vehículos de un pabellón cercano (el mismo pabellón del que ya me han quitado el coche un par de veces y que tantos problemas de aparcamientos nos ha regalado), esta vez por una exposición de nosequé… Los de la mudanza llamaron al Ayuntamiento y a la grúa varias veces, pero por allí no aparecía ni el Tato. Tuvo que ser mi señora esposa (en avanzado estado de gestación) la que tuvo que acercarse al polideportivo, con un cabreo de tres pares de narices, a increpar a un señor policía, eso sí, educadamente, y desde la ventajosa posición que ofrecen el embarazo y la abogacía.
Total, que a eso de las dos de la tarde, tras aparecer por fin la grúa, terminaron de montar el elevador en el balcón, pero claro, no iba a ser tan fácil porque… ¡Já otra vez! El susodicho cacharro no funcionaba…
Finalmente, pasadas las cuatro de la tarde se pudo empezar a cargar el camión, cuando la avería se hubo solucionado. Millones de cajas y bártulos más tarde, descargábamos el camión (que todo sea dicho, iba hasta atrás) en el nuevo piso. Acabamos después de las diez de la noche. El salón, la cocina, las habitaciones, los baños, los pasillos y por poco el piso del vecino, parecían una plantación de cajas. Tras buscar algunos artículos de primera necesidad y caminar un rato sin rumbo con la mirada perdida en el caos, nos abrimos paso hasta el dormitorio y nos fuimos a dormir sobre las dos de la mañana…
Pero la historia no acabó ahí. Todavía quedaban algunas cosillas en el anterior piso de las que nos encargaríamos nosotros al día siguiente. Para agilizar el tema el viernes con el camión, habíamos decidido encargarnos de la ropa y algunas cosas delicadas y poco pesadas. Supusimos (erróneamente) que con un par de viajes en el coche liquidaríamos la mudanza. El problema es que "la ropa y algunas cosas delicadas y poco pesadas" conformaron una montaña infame de cajas, bolsos, bolsas, mochilas, cubos, bolsillos y hasta carrillos llenos. Fueron necesarios varios viajes (no recuerdo cuantos) con nuestro coche y el mono-volumen de un amigo cargados hasta las trancas (gracias Kusanagi). Total, que entre embalar bultos, subir y bajar escaleras e idas y venidas de un piso a otro, el sábado también acabamos a eso de las 8 de la tarde (desde las once de la mañana).
El resto del sábado y todo el domingo lo empleamos en organizar ligeramente el caos y deambular cansados, pero contentos, entre nuestras cosas amontonadas. Supongo que la cantidad de cajas esparcidas por el piso irá disminuyendo a medida que tengamos muebles para sustituirlas. En cualquier caso, con Olga a la vuelta de la esquina, la visita a Ikea tendrá que esperar un poco. Mientras tanto seguro que nos iremos apañando.
No puedo acabar este post sin agradecer la ayuda de los amigos que nos echaron un cable (un cable gordo), y por supuesto a mi super-suegra, que se pegó una paliza de limpiar y recoger que muy pocos hubieran aguantado.
Por fin estábamos en casa.
Por: KD | Mi vida y circunstancias | Comentarios (2) | Referencias (0)
Ha sido todo un placer ayudar ;).
Gracias a vosotros que tb me habéis ayudado con la mía, aunque como había dejado media mudanza hecha me quedaba poco y por cierto, gracias a ésos simpáticos mudanceros que nos evitaron subir la nevera y los sillones por las escaleras...
Aún tengo agujetas :). Un abrazo.
Kusanagi | 09-03-2009 22:39:32
Enhorabuena por vuestro nuevo hogar!
Yo recuerdo la última mudanza de Cáceres, del último piso de estudiantes... El AX casi rozaba el suelo, la carga iba asegurada dentro del coche con grandes cintas de embalar para que no pudiera moverse demasiado y aplastarme en un frenazo... Nunca imaginas la de cosas que puedes llegar a tener.
José Manuel | 12-03-2009 15:41:57
Mis vivencias y mis recuerdos, mi gente y un puñado de opiniones... ese soy yo.
Diseñado por Studio.st y editado por KD Systems
Online gracias a Bitacoras.com